

En estos nuevos centros loceros, a diferencia de los siglos anteriores, en las que los hombres eran los alfareros, ahora son ellas, las mujeres, “las loceras”, las encargadas de la elaboración de los recipientes de barro. El papel de los hombres será el de coordinar sus trabajos agroganaderos con el acarreo del barro y la leña, así como ayudar en la preparación y guisado de las piezas en los hornos. Las mujeres serán también las que se encargarán de ir a vender su producción por toda la geografía insular a cambio de dinero o de productos de las zonas por donde transitaban.
A finales del siglo XX fueron desapareciendo los últimos loceros y loceras tradicionales Juliana, Rafaela, Panchito, Antoñita, Adolfina, Justo.,..), pero poco a poco están siendo reemplazados por una nueva generación de alfareros y alfa- reas que trabajan día a día para mantener vivo este oficio ancestral.
