El Tejido

El CALADO Y EL BORDADO

Las labores de aguja representadas por las bordadoras y las caladoras cuentan con una larga tradición en Gran Canaria, especialmente en los pueblos de la comarca del sureste. La labor del calado se aplica de manera preferente a la ropa de la casa como manteles, colchas, sábanas, toallas, tapetes, caminos de mesa, pañuelos, bolsas de pan o cortinas, aunque también se usa en algunas piezas de ropa de vestir como delantales, blusas o en determinadas prendas del traje tradicional.
Consiste en sacar y juntar los hilos de alguna tela o tejido para crear diversos motivos ornamentales inspirados muchas veces en la flora o en motivos arquitectónicos que igualmente han tomado sus formas de la naturaleza. Los materiales empleados principalmente para calar son las telas de lino y los hilos de algodón. Su origen parece estar localizado entre la frontera portuguesa y las provincias andaluzas y extremeñas. A principios del siglo XX y en las décadas siguientes por su calidad llegan a exportarse a Inglaterra, Estados Unidos, y en menor medida Alemania y Francia.

A través del bordado se añade a la tela todo tipo de motivos decorativos que embellecen los trajes tradicionales, piezas de ropa, mantelerías, ornamentos de iglesias, ajuares domésticos y de otros usos. El proceso de trabajo a seguir en la realización de un bordado consta de varias fases: dibujar, cortar la tela, estampar, elegir el bastidor, montar la tela, preparar los hilos, y finalmente bordar el punto o puntos elegidos.
El bordado canario tuvo durante la primera mitad del siglo XX un gran desarrollo y esplendor económico, pero con el paso de los años y por diversos motivos (conflictos bélicos, abastecimiento de telas, etc.) fue entrando en decadencia hasta llegar a nuestros días con muy pocas artesanas en activo.

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