El Barro

ALFAREROS, TEJEROS, L0CERAS, TORNEROS

En la isla de Gran Canaria la elaboración de recipientes y objetos de barro es uno de los oficios artesanos que se ha mantenido a lo largo de los siglos hasta la actualidad sin prácticamente sufrir transformaciones sustanciales. Los aborígenes ya hacían recipientes de barro totalmente a mano de una gran calidad, pero tras la conquista de la isla a fines del siglo XV, los nuevos colonos incorporarán la alfarería a torno, y con ella nuevas tipologías, dimensiones, y decoración adaptada a la nueva sociedad. Estos alfareros europeos, denominados olleros, situaron sus talleres en las poblaciones más importantes, ya fueran antiguos poblados aborígenes (Gáldar, Telde o Agüimes) o en núcleos de nueva planta como la ciudad de Las Palmas. También se constata que se continuó ejerciendo la elaboración de recipientes totalmente «a mano», es decir, piezas levantadas sin tornos. Los recipientes «a mano», que se empiezan a denominar como «loza» pudieron haber sido elaborados por canarios siguiendo la técnica indígena o también por colonos, como ya la hacían en sus lugares de origen. En los siglos XVI y XVII se localizaban alfares en Las Palmas de Gran Canaria, Telde, Arucas o Moya. Con el paso de los siglos, los olleros canarios que trabajaban a torno van desapareciendo, y a partir del siglo XVIII en La Atalaya de Santa Brígida y posteriormente en lugares como Hoya de Pineda, Lugarejos o Tunte, se van generando núcleos familiares dedicados a la elaboración de loza hecha totalmente «a mano».

En estos nuevos centros loceros, a diferencia de los siglos anteriores, en las que los hombres eran los alfareros, ahora son ellas, las mujeres, «las loceras», las encargadas de la elaboración de los recipientes de barro. El papel de los hombres será el de coordinar sus trabajos agroganaderos con el acarreo del barro y la leña, así como ayudar en la preparación y guisado de las piezas en los hornos. Las mujeres serán también las que se encargarán de ir a vender su producción por toda la geografía insular a cambio de dinero o de productos de las zonas por donde transitaban.
A finales del siglo XX fueron desapareciendo los últimos loceros y loceras tradicionales Juliana, Rafaela, Panchito, Antoñita, Adolfina, Justo.,..), pero poco a poco están siendo reemplazados por una nueva generación de alfareros y alfa- reas que trabajan día a día para mantener vivo este oficio ancestral.

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