Por los restos arqueológicos conservados sabemos que los aborígenes de Gran Canaria alcanzaron una gran destreza en la manipulación de fibras vegetales, tales como el junco y la palma, para elaborar con ellos diversos objetos y vestidos. Tras la conquista de la isla, estas fibras continuarán siendo utilizadas, pero las técnicas de trenzado, la tipología productiva y la incorporación de nuevos materiales semiduros como el pírgano, el mimbra y la caña supondrá una variación sustancial con el trabajo prehispánico.
La técnica consiste básicamente en ir tejiendo o entrelazando fibras vegetales, una vez tratadas para que soporten la torción sin romperse, e ir levantando la pieza según la forma deseada. Para este trabajo, los artesanos requerían de muy pocas y sencillas herramientas: abridor de madera o metal, cuchillo, mazo, etc. Las fibras vegetales recolectadas fueron principalmente la caña, hojas de palma, pírgano, mimbre, junco, centeno, anea, y codeso. Cuando se introduce desde América la planta de la pitera, se desarrolla con sus fibras, una importante actividad artesanal orientada a la fabricación de frontiles para animales de tiro, alpargatas y cuerdas o coyuntas
La caña fue la fibra más empleada en la cestería, sola o en combinación con los finos tallos de mimbre o con las gruesas tiras de pírgano, (nervio central de la hoja de la palmera canaria). La utilización de una u otra fibra en la elaboración de un cesto, dependía del uso que iba a tener y de la forma y tamaño deseado.