La Piedra

CANTEROS, LABRANTES, PEDREROS, CABUQUEROS...

El origen volcánico de las Islas Canarias ha favorecido la presencia en ellas de distintos tipos de rocas de una gran variedad en cuanto a dureza, color, granulometría, etc. Los antiguos canarios utilizaron piedras para la construcción de sus casas, para levantar muros, escaleras, corrales, etc., y, debido a la carencia de metales en las islas, también para elaborar herramientas y otros objetos como los molinos de mano, picos, percutores, objetos cortantes, etc.
Tras la conquista de las islas y la llegada de los metales a ella, se dejan de realizar herramientas con este material; el trabajo con la piedra se centrará en la albañilería y en la talla de los diferentes elementos que forman parte de una construcción u edificación. Unos artesanos se especializarán en la construcción
de casas, utilizando exclusivamente piedra seca recogida de los barrancos y terrenos cercanos al lugar de trabajo. Otros se centrarán en la construcción de paredes de piedra en los terrenos de cultivo para mejorarlos, ampliarlos o crearlos, por medio de bancales, en terrenos con mucha pendiente.

La piedra ornamental, la captada en canteras, tuvo al principio un aprovechamiento reducido, dado el elevado coste económico que suponía su extracción, transporte y labrado. Será con el paso de los años y el crecimiento de los centros urbanos cuando su empleo aumente, sobre todo en la construcción de edificios nobles, tanto civiles, como eclesiásticos o en elementos singulares como fuentes, plazas, jardines, etc.
El aprendizaje de este oficio se hacía por transmisión familiar siendo común que los hijos empezaran a trabajar sobre los 10 años en las canteras, ayudando en trabajos sencillos; estos aprendices a los 14 años tenían ya tratamiento de oficiales por lo que trabajaban y cobraban como uno más.

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