CENTRO ETNOGRÁFICO

Salas de Exposición

El Centro Etnográfico cuenta con varias salas expositivas, situadas todas ellas en la Planta Alta del edificio. En el mapa bajo estas lineas podrá conocer su ubicación y consultar los paneles explicativos disponibles en las mismas.

Planta alta

Terraza

Nuevos colonos, nuevos cultivos

Tras la conquista de la isla en 1483 se empieza a conformar una nueva sociedad caracterizada por el mestizaje. A la población indígena se le suman colonos de la península ibérica, tanto de los reinos hispánicos como del portugués, italianos, flamencos, o negros y moriscos, empleados estos último como mano de obra esclava. Se procede al repartimiento de tierras y aguas entre los conquistadores y los nuevos colonos que llegan a la isla atraídos ante las perspectivas de una vida mejor que en sus lugares de origen. Se sustituye la estructura económica aborigen y Gran Canaria se incorpora al circuito comercial europeo con el establecimiento del primer cultivo de exportación, la caña de azúcar. La caña de azúcar y toda la industria que lleva aparejada para su transformación centrará la economía de la Gran Canaria hasta las primeras décadas del siglo XVII. Por la competencia del azúcar americano se le da paso a lo largo de los siglos a diferentes cultivos de exportación, de gran rentabilidad como fueron el vino, la cochinilla, y ya a fines del siglo XIX, el plátano y el tomate.

Lutieres

Los instrumentos de cuerda como la guitarra, el láud, la bandurria y de manera especial el timple, se han convertido en la base acústica de la música popular canaria, por lo que no faltan en las rondallas y parrandas. Aunque existen piezas de importación, desde muy pronto en Gran Canaria surgieron artesanos encargados de su elaboración, cuya materia prima principal es la madera, cortada y preparada por el propio violero, hasta mediados del siglo XX. De entre estos instrumentos hay que destacar el timple, ya que está presente y caracteriza como ningún otro la música canaria. NO existe en el resto del territorio español ningún instrumento igual que el timple canario. Respecto a su origen, algunos musicólogos señalan que el timple podría ser en realidad las antiguas vigüelas barrocas por la forma abombada y alargada de su caja y la afinación de sus cuerdas. Llegó a Canarias con la población colonizadora y ha permanecido como un arcaísmo que no evolucionaría. Al contrario de lo que ha ocurrido con otros oficios, la elaboración de instrumentos de cuerda se ha mantenido e incluso ha aumentado levemente, aunque no tanto como oficio de dedicación exclusiva, sino como actividad a tiempo parcial. También ha habido una adaptación a los nuevos tiempos, más significativa en el caso del timple que ha variado su morfología, con su conversión en instrumento solista o la construcción de timples electro acústicos.

Cencerreros

La mayoría de los cencerreros fueron pastores que se especializaron en la elaboración de cencerros o cencerras imprescindible para el desarrollo de la ganadería de suelta en Canarias. Esta especie de campana de silueta trapezoidal, estaba elaborada con chapa de latón y en su interior se colocaba un trozo de madera de perfil circular, conocido con el nombre de “badajo”. La madera utilizada era obtenida de árboles locales que se caracterizaban por su dureza y densidad. Los artesanos elaboraban diferentes modelos de cencerros, dependiendo de las necesidades del pastor y de las características del rebaño: grillote, grillota, cumplida, llorona, habanera, redonda, vizcaína, etc.

JAULEROS

El comercio de pájaros, y de manera especial de pájaros canarios (Serinus canaria) fue muy activo desde el mismo momento en que las Islas fueron visitadas por marinos y comerciantes europeos, en el siglo XIV hasta el siglo XVIII, época en la que decae por haberse logrado su reproducción en cautividad. Al abrigo de este comercio surge el jaulero o constructor de jaulas, quienes también se especializan en la captura y la cría de estos animales.

Aunque en la actualidad se trate de un oficio en vías de extinción, existieron jauleros en todas las localidades de Gran Canaria, quienes confeccionaban sus jaulas con materiales como la caña, madera y alambre y herramientas muy simples (cuchillo, compás, barrena y sacabocado). Las formas y tamaños de las jaulas se adaptan al tipo de pájaro que debían transportar o a la función que debían cumplir (rectangulares, ovaladas, con torres o corredores, individuales, con falsete, etc.).

El metal

HERREROS, LATONEROS, CENCERREROS …

Con la colonización de las islas la presencia de herrerías en los emergentes núcleos de población es una constante, perdurando estos talleres hasta los años sesenta del siglo XX. Además de la producción de piezas para los ingenios azucareros, lagares, molinos, pozos de agua, etc., también realizaban trabajos, objetos y herramientas muy variados. Además de herrar a los animales también elaboraban múltiples aperos de labranza (sachos, plantones, hoces, rosaderas, bielgos, etc.), o todas las herramientas y elementos que demandaba la construcción (escodas, mandarrias, escoplos, bisagras, cerraduras, clavos, tirantes, rejas, etc.). La presencia de los herreros también era necesaria para el desarrollo de labores domésticas y profesionales: baldes, cuchillos, hachas, pesas, jáquimas, etc.
Junto con los herreros y cerrajeros, en el siglo XVI se documenta la presencia en Gran Canaria de otros oficios relacionados con el trabajo del metal como los estañeros (estaño), caldereros (cobre), y de fundidores de campanas (campaneros) y piezas de artillería (bronce). También de espaderos, especializados en la elaboración de espadas, y de oribes y plateros dedicados al trabajo del oro y la plata con fines litúrgicos y suntuarios. Con el paso de los siglos, tres oficios artesanos relacionados con la transformación del metal han llegado hasta el siglo XX sin prácticamente sufrir transformaciones sustanciales desde su llegada a las islas: herreros, latoneros y cencerreros. Fueron oficios practicados en exclusividad por hombres y la transmisión de los conocimientos se llevaba a cabo por vía paterna. Los herreros y latoneros ejercieron su trabajo a tiempo pues la demanda de sus productos y servicios era constante.

El muelle del faro

El muelle del faro de Maspalomas fue el primer elemento que se construyó y sirvió para la ejecución de la torre. La razón era la imposibilidad de transportar los materiales por tierra. Por entonces, a finales del siglo XIX no existía una buena comunicación terrestre hasta aquellos arenales del sur de Gran Canaria. Maspalomas era descrito como un espacio desértico y desolado. El muelle fue diseñado por el ingeniero Juan de León y Castillo, autor también del proyecto del faro. El ingeniero grancanario aprovechó una baja existente, en la que ejecutó dos muros de sostenimiento. Estos cierran en la cabecera hacia el mar, el interior se rellenó con piedras, para finalizarse con un enrasado de hormigón con pavimento adoquinado. El muelle fue el cordón umbilical del faro de Maspalomas con el exterior, para el avituallamiento de los fareros y el combustible de la linterna hasta la llegada de la carretera entrado ya el siglo XX.

Las dunas de Maspalomas

Las dunas están asentadas en la desembocadura del barranco de Fataga. Este barranco recibe el nombre de Maspalomas en su parte final, donde se formó un abanico aluvial. Este abanico acabó por convertirse en una zona llana, tras variaciones del nivel del mar, sobre la que se ha formado el actual campo de dunas. La formación de las dunas es un proceso en el que entran en juego sedimentos, corrientes marinas y plantas, que finalmente dan lugar al campo de dunas móviles. El proceso comienza con la erosión de rocas volcánicas y la descomposición de organismos marinos. Estas arenas sedimentarias las deposita la corriente marina en la orilla. Una vez secas, el viento las mueve hacia el interior, donde encuentran plantas como los balancones. Las plantas son rodeadas por la arena hasta formarse un montículo tras la planta. Ahí tenemos el origen de la duna, que en ese momento entran en una dinámica empujadas por el viento. Hay unas 50 especies de flora asociadas a las dunas, entre ellas endemismos canarios como el salado verde (Schigozyne glaberrima). La distribución de las especies depende de su capacidad para soportar el enterramiento de la arena, la disponibilidad de agua y su tolerancia a la salinidad. Así podemos encontrar el balancon, el tarajal, la juncia, el matamoros, el junco, la siempreviva o aulaga, entre otras.

El oasis y charca de Maspalomas

La charca de Maspalomas es el humedal más importante de Gran Canaria. Es el reducto final de una zona de marismas que existía en la desembocadura del barranco de Fataga, actualmente confinada al espacio de la charca en la misma desembocadura del cauce. El agua de la charca procede tanto de la escorrentía del barranco como del aporte de agua de mar, debido a las denominadas mareas vivas. Este proceso renueva la comunidad piscícola, ya que aporta huevos y alevines. En los momentos de mayor aporte hídrico, la charca puede llegar a ocupar 4 hectáreas. En el margen occidental se encuentra uno de los palmerales litorales más interesantes de Gran Canaria, conocido como el oasis. Si bien ha sido intervenido con construcciones turísticas, continúa siendo un espacio de interés ambiental y paisajístico en conjunción con la charca y las dunas.

La fauna del oasis y de la charca

Fotografía: Proyecto Masdunas
El complejo de ecosistemas formado por el oasis, la charca y el campo dunar, generan un espacio de gran interés faunístico. Son las aves el elemento más interesante de este espacio natural. Destacan la abubilla (Upupa epops) o el bisbita caminero (Anthlus bertheloti), junto a especies más generalistas como el alcaudón real (Lanius excubitor), o la curruca tomillera (Sylvia conspicillata). Cuatro especies de aves acuáticas nidifican en la charca: chorlitejo patinegro (Charadrius alexandrinus), chorlitejo chico (Charadrius dubius), gallineta común (Gallinula chloropus) y focha común (Fulica atra). Dos de los tres reptiles endémicos de Gran Canaria están presentes, fundamentalmente el lagarto gigante de Gran Canaria (Gallotia stehlini), junto a un gran número de invertebrados, entre los que destaca la pimelia de las arenas (Pimelia granulicollis), endémica de Gran Canaria y en peligro de extinción.
Proyecto Masdunas. Autor: Antonio Ignacio Hernández Cordero.

Los cultivos de tomates

El espacio costero de San Bartolomé de Tirajana fue a mediados del siglo XX la principal zona de cultivo de tomate en la isla de Gran Canaria. Más de quinientas hectáreas de huertas estaban dedicadas a este fruto, que ha sido históricamente una de las principales exportaciones agrícolas de la isla desde finales del siglo XIX. El tomate demandaba una importante cantidad de mano de obra, lo que fue origen de los primeros asentamientos costeros en el sur insular, con núcleos como el Doctoral o el Tablero de Maspalomas. La producción del tomate estaba basada en el contrato de aparcería, en el que el agricultor se endeudaba con la propiedad para la producción hasta la entrega del tomate con la zafra. Los aparceros vivían en “cuarterías” que eran cedidas por los propietarios en condiciones muy básicas. La aparición del turismo acabó con el cultivo de tomate en este entorno.

El turismo en Maspalomas

Maspalomas hasta los años 60 del siglo XX es un espacio desértico y solitario. Mal comunicado y alejado de la actividad económica, son los cultivos de tomate la principal señal humana en esta costa.

El condado de la Vega Grande, propietario del espacio, organiza en 1962 un concurso internacional de ideas para crear una ciudad turística, en la búsqueda de un turismo de calidad. En tan sólo 10 años, Maspalomas recibe más visitas que la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, hasta entonces el destino turístico insular. Una de las razones es el excepcional clima, que garantiza muchas más horas de sol ​que la capital insular y la otra belleza del litoral, especialmente por la existencia del conjunto charca, oasis y campo dunar.

La expansión turística comienza por la zona de San Agustín, para pasar posteriormente a Playa de Inglés y continuar ya en el siglo XX por Meloneras, sobrepasando el sector de la Charca y el oasis de Maspalomas. El crecimiento turístico preservó las dunas y la laguna con su palmeral, lo que ha permitido que este espacio turístico cuente como una joya ambiental.

El poblado aborigen

Fotografía: arqueologia.maspalomas.com
La sociedad aborigen tuvo presencia en el entorno de Maspalomas. El Yacimiento de Punta Mujeres permite apreciar los restos de un poblado aborigen de litoral muy cercano al faro. El asentamiento de la antigua población canaria obedeció a la disponibilidad de agua de la charca, caza abundante, pesca y marisqueo. El yacimiento consta de seis estructuras domésticas, que debió formar parte de un asentamiento de mayores dimensiones. La datación de carbono 14 da una franja temporal entre los siglos VII-IX de la Era hasta finales del siglo XV. San Bartolomé de Tirajana es el municipio con mayor número de yacimientos arqueológicos aborígenes de la isla, más de 160. Algunos de ellos son los yacimientos de Lomo Perera o la Necrópolis de Maspalomas, entre otros. En el término municipal, destaca el parque arqueológico de Arteara. Es un gran cementerio de túmulos en un gran malpaís, con más de mil tumbas. La necrópolis ocupa una extensión de dos kilómetros cuadrados que estuvo rodeada por una muralla de piedra seca.

Cristóbal Colón en Maspalomas

Maspalomas fue la última escala canaria que hizo Cristóbal Colón en sus viajes a América. El gran descubridor pasó por el fondeadero de Maspalomas en su último viaje, el cuarto, en 1502. Las cuatro naves, dos carabelas y dos navíos, hicieron escala el 24 de mayo y partieron hacia el Caribe al día siguiente. Maspalomas era un lugar idóneo para hacer aguada. El fondeadero estaba a resguardo de los vientos. Podía obtenerse agua potable salobre, que se conserva mejor en los barriles, de madera en las travesías. Además, la costa proporcionaba madera de Tarajal, muy útil como leña. Otros navegantes hicieron escala como el Almirante. Así, en 1504 una flota de cuatro carabelas comandadas por Juan de la Cosa arribó a la costa de Maspalomas para “hacer carnaje” y tomar agua y leña. Documentos más tardíos como una relación sobre los problemas como un navío en aguas grancanarias cita Maspalomas como uno de los puertos de la isla. Incluso en 1599, el holandés Peter Van der Does utiliza Maspalomas para realizar aguada y enterrar a sus muertos, tras el fracaso de toma de la isla, a ser derrotado en su asalto a Las Palmas de Gran Canaria.

Horario

Lunes a domingo de 10:30h a 17:00h

Teléfono

928 772 445

E-mail

faromaspalomas@fedac.org

Dirección

Pl. del Faro, 15,
35100 Maspalomas, Las Palmas

Tierra a la Vista

El Barro

ALFAREROS, TEJEROS, L0CERAS, TORNEROS

En la isla de Gran Canaria la elaboración de recipientes y objetos de barro es uno de los oficios artesanos que se ha mantenido a lo largo de los siglos hasta la actualidad sin prácticamente sufrir transformaciones sustanciales. Los aborígenes ya hacían recipientes de barro totalmente a mano de una gran calidad, pero tras la conquista de la isla a fines del siglo XV, los nuevos colonos incorporarán la alfarería a torno, y con ella nuevas tipologías, dimensiones, y decoración adaptada a la nueva sociedad. Estos alfareros europeos, denominados olleros, situaron sus talleres en las poblaciones más importantes, ya fueran antiguos poblados aborígenes (Gáldar, Telde o Agüimes) o en núcleos de nueva planta como la ciudad de Las Palmas. También se constata que se continuó ejerciendo la elaboración de recipientes totalmente «a mano», es decir, piezas levantadas sin tornos. Los recipientes «a mano», que se empiezan a denominar como «loza» pudieron haber sido elaborados por canarios siguiendo la técnica indígena o también por colonos, como ya la hacían en sus lugares de origen. En los siglos XVI y XVII se localizaban alfares en Las Palmas de Gran Canaria, Telde, Arucas o Moya. Con el paso de los siglos, los olleros canarios que trabajaban a torno van desapareciendo, y a partir del siglo XVIII en La Atalaya de Santa Brígida y posteriormente en lugares como Hoya de Pineda, Lugarejos o Tunte, se van generando núcleos familiares dedicados a la elaboración de loza hecha totalmente «a mano».

En estos nuevos centros loceros, a diferencia de los siglos anteriores, en las que los hombres eran los alfareros, ahora son ellas, las mujeres, «las loceras», las encargadas de la elaboración de los recipientes de barro. El papel de los hombres será el de coordinar sus trabajos agroganaderos con el acarreo del barro y la leña, así como ayudar en la preparación y guisado de las piezas en los hornos. Las mujeres serán también las que se encargarán de ir a vender su producción por toda la geografía insular a cambio de dinero o de productos de las zonas por donde transitaban.
A finales del siglo XX fueron desapareciendo los últimos loceros y loceras tradicionales Juliana, Rafaela, Panchito, Antoñita, Adolfina, Justo.,..), pero poco a poco están siendo reemplazados por una nueva generación de alfareros y alfa- reas que trabajan día a día para mantener vivo este oficio ancestral.

Mobiliario y Ajuar en La Vivienda

Los artesanos y artesanas canarias, además de surtir de herramientas a los trabajadores del campo, a otros profesionales artesanos, y al personal de variados oficios urbanos y semiindustriales, fueron los constructores de los diferentes tipos de viviendas que se han utilizado en Gran Canaria a lo largo de los siglos. Ellos también, son los «hacedores» del ajuar básico del hogar y del mobiliario necesario para el desarrollo de la vida cotidiana. La variedad, calidad y cantidad de los objetos artesanos que podíamos localizar en un hogar tradicional canario variaban mucho dependiendo del poder adquisitivo de sus moradores; así, frente a las casas más humildes, muchas de ellas unas básica cuevas, donde sólo existía un camastro, una caja o arcón, una estera, sobre la que comer o dormir, unos pocos recipientes cerámicos con los que cocinar la comida, y alguna que otra lámpara de hojalata, además de unas pocas piezas de ropa necesarias para el día a día, … nos encontramos con las de las familias más adineradas, donde la cantidad y calidad de los objetos de que disponían eran notables.

En las tres maquetas de este módulo podemos ver por un lado dos sencillas viviendas canarias, una de ellas hecha en cueva, y una casa de muñecas que reproduce el ambiente y mobiliario que podía existir en el hogar de una familia pudiente. En las dos viviendas humildes se puede observar el modesto y básico ajuar y mobiliario realizado íntegramente por artesanos locales. En la casa de muñecas vemos como conviven objetos artesanos elaborados en Gran Canaria, con objetos importados de Europa, mucho más lujosos y refinados. Las imágenes del módulo ilustran también sobre los objetos y mobiliarios realizados por los artesanos canarios.

La Piel

Zapateros, guarnicioneros, zurroneros,...

La piel de los animales ha tenido múltiples usos a lo largo de la Historia. La población aborigen la empleó para elaborar diversos objetos e incluso la ropa con que se vestían. Una vez conquistada la isla, el uso de la piel para vestido pierde importancia, pero continuará su empleo para satisfacer las necesidades generadas por la nueva población. Los colonos introducen pieles de ganado mayor (vacas, caballos, etc.) y se diversifica las técnicas artesanas y los objetos resultantes: se elaboran calzados, arreos para las caballerías, contenedores de líquido, instrumentos musicales, utensilios agrícolas y ganaderos, etc.
Muchos pastores, probablemente siguiendo una tradición aborigen, curtían las pieles de cabra para elaborar con ellas útiles y recipientes relacionados con su trabajo: batijeros o cajeros, zurrones a modo de mochilas, collares para perros, cabras y ovejas, monederos para el reloj «relojera», etc.; son los denominados zurroneros que aún hoy, de manera testimonial, están presentes en los campos canarios. Los zurrones, uno de los elementos más característicos de la cultura rural canaria, eran utilizados para el amasado del gofio, si bien, cuando era de gran tamaño, los pastores lo empleaban como bolso para el acarreo de sus enseres necesarios cuando salía con el ganado a pastar.

La Piedra

CANTEROS, LABRANTES, PEDREROS, CABUQUEROS...

El origen volcánico de las Islas Canarias ha favorecido la presencia en ellas de distintos tipos de rocas de una gran variedad en cuanto a dureza, color, granulometría, etc. Los antiguos canarios utilizaron piedras para la construcción de sus casas, para levantar muros, escaleras, corrales, etc., y, debido a la carencia de metales en las islas, también para elaborar herramientas y otros objetos como los molinos de mano, picos, percutores, objetos cortantes, etc.
Tras la conquista de las islas y la llegada de los metales a ella, se dejan de realizar herramientas con este material; el trabajo con la piedra se centrará en la albañilería y en la talla de los diferentes elementos que forman parte de una construcción u edificación. Unos artesanos se especializarán en la construcción
de casas, utilizando exclusivamente piedra seca recogida de los barrancos y terrenos cercanos al lugar de trabajo. Otros se centrarán en la construcción de paredes de piedra en los terrenos de cultivo para mejorarlos, ampliarlos o crearlos, por medio de bancales, en terrenos con mucha pendiente.

La piedra ornamental, la captada en canteras, tuvo al principio un aprovechamiento reducido, dado el elevado coste económico que suponía su extracción, transporte y labrado. Será con el paso de los años y el crecimiento de los centros urbanos cuando su empleo aumente, sobre todo en la construcción de edificios nobles, tanto civiles, como eclesiásticos o en elementos singulares como fuentes, plazas, jardines, etc.
El aprendizaje de este oficio se hacía por transmisión familiar siendo común que los hijos empezaran a trabajar sobre los 10 años en las canteras, ayudando en trabajos sencillos; estos aprendices a los 14 años tenían ya tratamiento de oficiales por lo que trabajaban y cobraban como uno más.

El Cuchillo Canario

Se caracteriza por poseer un mango o «cabo» realizado a partir de la unión de diversas anillas o piezas de cuerno de vaca o carnero que son decoradas con finas láminas de metal incrustadas que trazan diversas figuras geométricas. Los cuchilleros se dedican de manera exclusiva a la elaboración de los cabos, mientras que la hoja es realizada por herreros especializados en su elaboración.
La voz o canarismo «naife», tomada del inglés knife o quizás del portugués naifa (navaja), ha sido tradicionalmente utilizada para referirse a este tipo de cuchillo de Gran Canaria. Sus orígenes se remontan a la segunda mitad del siglo XIX y su producción estaba presente en un buen número de localidades de la isla (Arucas, Gáldar, Guía, Telde y Teror).
Fueron empleados sobre todo por los agricultores y los ganaderos en sus tareas diarias y por su alto valor simbólico solían heredarse entre las diferentes generaciones de una misma familia. En la actualidad la producción de cuchillos canarios sigue en activo.

El Tejido

Hilanderas, tejedoras, bordadoras, caladoras,sobrereros...

El sector textil fue una de las actividades más importantes de la economía isleña, tras su incorporación a la corona de Castilla. En los primeros siglos fue ejercido en su gran mayoría por hombres, si bien en la sociedad tradicional y rural fue desarrollado casi exclusivamente por mujeres que son las que hoy día copan la producción.
Son varios los oficios artesanos que se han ejercido en Gran Canaria relacionados con la elaboración o manipulación de fibras o hilos para confeccionar tejidos destinados a diversos usos (ropa, artículos del hogar, etc.). Hay que destacar sobre todo los trabajos con la lana de oveja (hilado y tejeduría) y los del calado y bordado, por ser oficios artesanos que gozaron de gran arraigo en la sociedad tradicional y que con el paso de los años, adquirieron rasgos propios que los diferenciaban de los de otros lugares del Archipiélago o del Territorio Nacional.

Los Oficios Artesanos Tradicionales

Muchos de los colonos que llegan tras la conquista de la isla de Gran Canaria en el siglo XV, son artesanos que vienen a cubrir la necesidad de objetos y herramientas que la nueva sociedad requiere en las tareas domésticas y en las actividades económicas que empiezan a desarrollarse. Muy pocos de los oficios practicados por la población aborigen continuarán ejerciéndose tras la colonización (alfarería, cestería, curtido de piel). Son los artesanos europeos, con sus conocimientos técnicos (cantería, carpintería, tejeduría, zapatería, sombrerería, herrería, latonería, alfarería, etc.) los que van a establecerse en el mercado artesanal canario. Con el paso de los años, estos oficios y sus productos adquirirán personalidad propia, diferenciándose de sus homónimos peninsulares, como resultado del uso de materias primas locales y su especialización, al satisfacer las necesidades sociales y económicas concretas surgidas de la población insular.

Los saberes técnicos de estos oficios se fueron transmitiendo, en la mayor parte de los casos, dentro del contexto familiar; los padres y madres enseñaban desde muy pequeños a sus hijos e hijas, las labores propias de estas actividades con el objetivo de que pudieran continuar ejerciéndolas en el futuro.
Con el paso de los siglos muchos oficios artesanos han ido desapareciendo ante el avance de nuevos procesos industriales. Las labores artesanas que continuaron ejerciéndose, los que conocemos como oficios tradicionales, quedaron relegados a zonas rurales, desde donde todavía se demandaba su producción. Por ello, la mayoría de los artesanos, hasta hace muy pocas décadas, eran también campesinos o pastores, que ejercían estos oficios durante los periodos de descanso vegetativo o de poca actividad en los campos. En el marco rural, no eran considerados individuos ajenos o extraños a la comunidad de agricultores.

Proyección

El Barro

ALFAREROS, TEJEROS, LACERAS, TORNEROS

En la isla de Gran Canaria la elaboración de recipientes y objetos de barro es uno de los oficios artesanos que se ha mantenido a lo largo de los siglos hasta la actualidad sin prácticamente sufrir transformaciones sustanciales. Los aborígenes ya hacían recipientes de barro totalmente a mano de una gran calidad, pero tras la conquista de la isla a fines del siglo XV, los nuevos colonos incorporarán la alfarería a torno, y con ella nuevas tipologías, dimensiones, y decoración adaptada a la nueva sociedad. Estos alfareros europeos, denominados olleros, situaron sus talleres en las poblaciones más importantes, ya fueran antiguos poblados aborígenes (Gáldar, Telde o Agüimes) o en núcleos de nueva planta como la ciudad de Las Palmas. También se constata que se continuó ejerciendo la elaboración de recipientes totalmente «a mano», es decir, piezas levantadas sin tornos. Los recipientes «a mano», que se empiezan a denominar como «loza» pudieron haber sido elaborados por canarios siguiendo la técnica indígena o también por colonos, como ya la hacían en sus lugares de origen. En los siglos XVI y XVII se localizaban alfares en Las Palmas de Gran Canaria, Telde, Arucas o Moya. Con el paso de los siglos, los olleros canarios que trabajaban a torno van desapareciendo, y a partir del siglo XVIII en La Atalaya de Santa Brígida y posteriormente en lugares como Hoya de Pineda, Lugarejos o Tunte, se van generando núcleos familiares dedicados a la elaboración de loza hecha totalmente «a mano».

En estos nuevos centros loceros, a diferencia de los siglos anteriores, en las que los hombres eran los alfareros, ahora son ellas, las mujeres, «las loceras», las encargadas de la elaboración de los recipientes de barro. El papel de los hombres será el de coordinar sus trabajos agroganaderos con el acarreo del barro y la leña, así como ayudar en la preparación y guisado de las piezas en los hornos. Las mujeres serán también las que se encargarán de ir a vender su producción por toda la geografía insular a cambio de dinero o de productos de las zonas por donde transitaban.
A finales del siglo XX fueron desapareciendo los últimos loceros y loceras tradicionales Juliana, Rafaela, Panchito, Antoñita, Adolfina, Justo.,..), pero poco a poco están siendo reemplazados por una nueva generación de alfareros y alfa- reas que trabajan día a día para mantener vivo este oficio ancestral.

La Sombrería

El desarrollo de la industria artesana sombrerera en Gran Canaria se remonta al siglo XVII alcanzando su máximo esplendor en los siglos XVIII y XIX, exportándose a todas las islas. El sombrero fue una pieza indiscutible de la vestimenta de la población, tanto de hombres, mujeres como niños; estos típicos sombreros son los que
Se conocen como «cachorros canarios».

Para fabricar los sombreros los artesanos empleaban como materia prima principal el pelo de conejo o del camello. Este pelo era afieltrado y posteriormente se procedía a su conformado o modelado, empleando como apresto cola de pez, resina de almendro, goma arábiga u otras. Núcleos importantes de confección de sombreros fueron Firgas, Gáldar, Arúcas, Guía, Moya, Telde y Las Palmas de Gran Canaria.

El Tejido

El CALADO Y EL BORDADO

Las labores de aguja representadas por las bordadoras y las caladoras cuentan con una larga tradición en Gran Canaria, especialmente en los pueblos de la comarca del sureste. La labor del calado se aplica de manera preferente a la ropa de la casa como manteles, colchas, sábanas, toallas, tapetes, caminos de mesa, pañuelos, bolsas de pan o cortinas, aunque también se usa en algunas piezas de ropa de vestir como delantales, blusas o en determinadas prendas del traje tradicional.
Consiste en sacar y juntar los hilos de alguna tela o tejido para crear diversos motivos ornamentales inspirados muchas veces en la flora o en motivos arquitectónicos que igualmente han tomado sus formas de la naturaleza. Los materiales empleados principalmente para calar son las telas de lino y los hilos de algodón. Su origen parece estar localizado entre la frontera portuguesa y las provincias andaluzas y extremeñas. A principios del siglo XX y en las décadas siguientes por su calidad llegan a exportarse a Inglaterra, Estados Unidos, y en menor medida Alemania y Francia.

A través del bordado se añade a la tela todo tipo de motivos decorativos que embellecen los trajes tradicionales, piezas de ropa, mantelerías, ornamentos de iglesias, ajuares domésticos y de otros usos. El proceso de trabajo a seguir en la realización de un bordado consta de varias fases: dibujar, cortar la tela, estampar, elegir el bastidor, montar la tela, preparar los hilos, y finalmente bordar el punto o puntos elegidos.
El bordado canario tuvo durante la primera mitad del siglo XX un gran desarrollo y esplendor económico, pero con el paso de los años y por diversos motivos (conflictos bélicos, abastecimiento de telas, etc.) fue entrando en decadencia hasta llegar a nuestros días con muy pocas artesanas en activo.

La Fibra Vegetal

CESTEROS, ESTERERAS, ALPARGATEROS, JAULEROS, ...

Por los restos arqueológicos conservados sabemos que los aborígenes de Gran Canaria alcanzaron una gran destreza en la manipulación de fibras vegetales, tales como el junco y la palma, para elaborar con ellos diversos objetos y vestidos. Tras la conquista de la isla, estas fibras continuarán siendo utilizadas, pero las técnicas de trenzado, la tipología productiva y la incorporación de nuevos materiales semiduros como el pírgano, el mimbra y la caña supondrá una variación sustancial con el trabajo prehispánico. La técnica consiste básicamente en ir tejiendo o entrelazando fibras vegetales, una vez tratadas para que soporten la torción sin romperse, e ir levantando la pieza según la forma deseada. Para este trabajo, los artesanos requerían de muy pocas y sencillas herramientas: abridor de madera o metal, cuchillo, mazo, etc. Las fibras vegetales recolectadas fueron principalmente la caña, hojas de palma, pírgano, mimbre, junco, centeno, anea, y codeso. Cuando se introduce desde América la planta de la pitera, se desarrolla con sus fibras, una importante actividad artesanal orientada a la fabricación de frontiles para animales de tiro, alpargatas y cuerdas o coyuntas La caña fue la fibra más empleada en la cestería, sola o en combinación con los finos tallos de mimbre o con las gruesas tiras de pírgano, (nervio central de la hoja de la palmera canaria). La utilización de una u otra fibra en la elaboración de un cesto, dependía del uso que iba a tener y de la forma y tamaño deseado.

Los cestos para cargar mercancía pesada o que van a sufrir una constante manipulación (labores agrícolas, transporte, industria, construcción) eran elaborados
(integramente o parcialmente) con fibras duras, como el pírgano o el mimbre (cestos, serones, cestas pedreras, etc.). Los objetos domésticos o de uso más delicado eran elaborados con fibras blandas como el junco, la palma, centeno o caña (pequeñas cestas, sombreros, cestas hierberas, barquetas, costureros, hueveras, esteras, etc.)
La cestería se desarrolló en Canarias como un oficio complementario pues gran parte de los cesteros y cesteras eran a su vez campesinos o jornaleros. Estas personas empleaban las horas libres que les dejaban las tareas agrícolas para elaborar productos que, tras su venta, les permitían obtener un ingreso extra para mejorar la economía familiar.

La Madera

CARPINTEROS, TALLISTAS, APEREROS,...

Los textos y los hallazgos arqueológicos evidencian el uso de la madera entre los primeros habitantes de la isla de Gran Canaria. Aunque de manera rudimentaria y ayudados por herramientas de piedras, los antiguos canarios la usaron para elaborar vigas para los techos y las puertas de sus casas, pequeños enseres de uso doméstico, herramientas, armas, etc.
El uso de la madera y los oficios relacionados con ella aserradores, carpinteros, toneleros, etc.) se generalizó y aumento de manera considerable a raíz de la conquista y colonización de la isla. Esta materia prima, abundante en Gran Canaria, fue fundamental para cubrir las necesidades de la nueva población, como fue la construcción de viviendas, ingenios azucareros, obras hidráulicas, molinos, lagares, mobiliario, ajuar doméstico y múltiples objetos necesarios para la vida cotidiana.
De la construcción de los objetos muebles o de uso cotidiano se encargaron los denominados carpinteros de lo prieto, llamados así por el uso de maderas duras necesaria para la elaboración de mobiliario, aperos agrícolas, herramientas, etc. A este grupo también pertenecen los carpinteros de ribera, a quienes se encomendaba la construcción artesanal de embarcaciones, así como otros oficiales más especializados como los violeros, dedicados a la elaboración de instrumentos musicales. También tuvieron gran importancia los imagineros y tallistas que proporcionaron imágenes de devoción, tanto para los templos como para el culto doméstico, así como los retablos de altares y capillas.

Los Primeros Artesanos

DE DÓNDE, CÓMO, QUIEN, CUANDO ...

El poblamiento de Gran Canaria procede del Norte de África. Las primeras recaladas llegan con intención de colonizar, ya que traen animales domésticos y algunas plantas en forma de semillas o esquejes. Es posiblemente un contingente poblacional pequeño pero suficiente y arriba acompañado de su propio bagaje cultural de clara raíz amazing.
Las fechas estimadas actualmente para la arribada dan como cifras más tempranas unos 2500BP-antes del presente, mientras que las más tardías sitúan la colonización en los siglos II-Ill de la Era.
Desconocemos la motivación de la colonización inicial. Algunas hipótesis planteadas la asocian a contactos protohistóricos de origen mediterráneo o al imperio romano desde un asentamiento comercial promovido por Roma para explotar los recursos de las islas a una pena de exilio de tribus norteafricanas. Más certeza hay en que esa población Canarii quedara aislada en torno a un milenio, tiempo en el que desarrolla una cultura propia adaptada al medio insular grancanario y basada en sus raíces norteafricanas.

La Conquista

El modo de vida de los aborigenes canarios sufre un drástico cambio a partir de 1483 cuando los Reyes Católicos, Isabel y Fernando, llevan a cabo la conquista de la isla. La cultura de los nuevos colonos europeos se impone en todos los aspectos de la vida: forma de construir sus pueblos y edificios, modo de vestir, creencias, justicia, nuevos utillajes y herramientas, nueva economía, nuevos oficios, etc.
Pero las Islas Canarias antes de ser conquistadas ya eran conocidas desde la Antiguedad Clásica; la presencia puntual de restos arqueológicos romanos en el mar y en algunas de las islas lo confirman. También aparecen citadas en textos grecolatinos, como el de Plinio el Viejo en el s.I d.C. quien relata el viaje o expedición, realizado décadas atrás por el rey mauritano Juba II a ls Fortunatae Insulae.

Tras siglos de aparente olvido, las islas, a comienzos del siglo XIV vuelven a ser visitadas coincidiendo con la expansión europea en el Atlántico de Genoveses, catalano-aragoneses, portugueses y castellanos. Por ello se empieza a representar las Islas Canarias en cartas náuticas, mapas y portulanos o en los planisferios de Angelino Dulcert (2339) y de Abraham Cresques (1375).
Es también en el siglo XIV cuando se producen los primeros intentos de evangelización con el establecimiento en Telde del Obispado de la Fortuna, fundado en 1351 y activo hasta 1391, con la muerte a manos de los propios canarios de los doce monjes mallorquines allí instalados.